Eso sí, le he recomendado que no monte el numerito esta vez, que lo de inventar conspiraciones, colocar a los coleguitas o mentir como un bellaco lo borda de narices, pero que ni se le ocurra bailar country encima de las mesas. Es que cuando bebe le da el puntito nostálgico, se acuerda de aquellos días en Texas y se pone de un pesao... Pobre hombre. Anda que no se divertía planificando genocidios y articulando patrañas.
Cuando acabe la fiesta me han dicho que se van a ir a tomar la penúltima a la cabañita de su yerno, el guapísimo Agag. Bueno,... cabañita,... cuatro ladrillos mal puestos con un par de sofás destartalados que usan para jugar a las carreras de coches con la Wii. Ojalá me dejen jugar con ellos, aunque a la vista del previsible estado etílico del expresi, no pienso hacer de copiloto suyo ni de coña. Es que me soltará aquello del "Y quién te ha dicho a ti las copas de vino..." y lo mismo se me escapa el pipí de la risa.
La gracia que tiene el joío.
Imagen de Elena Chernenko.



















